martes, agosto 15, 2006

En la orilla VIII

65

¿Pez muerto de amor en la orilla? ¿Anzuelo de la pasión clavado en el centro? ¿Habrá dejado carta? ¿Habrá llorado bajo el agua con grandes ojos peces de amor? ¿Habrá llorado todo este mar?


66

Pintura inacabada, casi bosquejo. El sol baja como ciempiés aplastado; cae en una vereda de invierno con ternura de ciempiesa. Pintura a la que le pasa el tiempo sin mancha nueva. No tiene mujer todavía. El lugar donde pondré tus pechos ya es un niño dormido.


67

Tal vez andaba allí la luna, en su garbo, jugándose el futuro a los dados con estrellas muertas. Cayó una estrella y la noche dijo: ya está hecho el poema. Entonces no pedí un deseo, ninguno. Fue luego que, trazando un surco imaginario en el cielo, pedí desear un deseo.


68

Mujer trazando círculos con los pies. Dedos entre líquenes oprimiendo la arena lamida. O sino también: mujer difundida desde aureolas, con los pies nada menos que desnudos, tejiendo lentos sombreros en la arena.


69

Bajo el tacto de tu mirada, el frenesí de las piedras: ¡ah, correr por sus escabrosas venas!


70

En la tela de la lluvia, la gracia de un arco iris –pintado de un plumazo- cohíbe, y finalmente aborta, lo que el sol iba a decir.


71

Dos cangrejos copulando y el amor es un ruido. Lentas castañuelas flamencas, percusión de pinzas y armaduras y el amor es crocante. Él vestido de torero, un rictus habitual y los ojos como botones de camisa. Ella sonríe, como una piedra sonríe.


72

Fascinación de esa mujer por el pincel, porque la toque una luz acuosa desganada en el chorrear, que la realce. Loca porque le pinte un domingo con té en su desnudez, ropitas Perlongher en la masmédula girondiana, piezas así, rubores o calamar, cierta timidez bivalva, candor o hipocampos dulces en la piel, zonas de alargadas sombras en contraste, pechos claros del buen día… Gracia en la tela, mujer que pide su ser, ser que reclama su paradero, su primer plano en el cuadro, alma que se está por ver.


73

Bajándose decorosamente de la palabra que la nombraba.


74

Tortuga en su nivel de espera, en su puerto de silencio. Diente del tiempo, camina como piensa. Rumia las horas; las come para que nada pase.


75

Lo que golpea sin renuncia, la imagen frecuente, el sueño, otras porfías. Lo que fuera, lo que ya no es de alguna manera. Lo que se cuela entre las olas y los remos de ese hombre: la última gota de agua dulce que por capricho troca en esperanza. El que a la luz va por revelación y se queda torvo, demudado, con las cadenas bajas del recuerdo. Lo que golpea sin renuncia. La mosca contra el vidrio, yo contra el poema.

2 comentarios:

Glauca dijo...

La cópula de los cangrejos sí que me fascinaron a mi jejeje :)

Dilaca dijo...

Justo lo que dice glauca, lo iba a decir yo... No me lo puedo imaginar!...

Sigue gust5ándome ese genio que convierte en crocante lo que normalmente no lo es, y todo lo demás, en novedoso reestreno