viernes, agosto 18, 2006

En la orilla IX

76

Musa, dulce veneno, divina impostora, me mostrás tus velos infinitos, me llenás de ojos para que no vea sino tus relámpagos azules, me llamás de urgencia a las dos de la mañana. Y de golpe, me veo oyendo lo que no es, y ya estoy otra vez pendiendo de un hilo en el borde de un nuevo abismo.


77

En la orilla, a mis pies, caen cenitales, puros, pétalos de mujer que se escaparon de las fauces del olvido.


78

El mar limpia su vereda como una buena vecina a las seis de la mañana. Barre mis huellas y se pregunta quién anduvo por aquí. El mar no deja rastros. Lo que escriben mis pies en nada se parece a mi camino. Lo que queda en la arena son restos de un otoño, de un hombre de un otoño.


79

Agujero por donde fluye un esbozo de luz. Los alguaciles anuncian que se va a llorar con ventana, con un codo muerto apoyado en un marco, una mano triste, blanda ocultando los ojos. Agujero hondo como la palabra país. Me duele como un fuelle en la mitad.


80

Aguas no ser. Hordas de silencio no ser. Maremotos suaves, huracanes vos y atardecer vos. Vos no ser. Aire en el aire. Aguas del sopor con vetas iridiscentes. Sonido de otro lado, de otro día exhalado en este instante por el vos anochecer. Pasa una gaviota real real y lo rompe todo. Todo.


81

Buena es la sombra que miente tu cuerpo. Siento que voy y que voy, que dejo un ancla que no es un ancla. El sueño es hondo como tu voz detrás de un muro. Después tu voz es clara como detrás de mí. Después no sueño nada. Y en un papel bailado por el viento, dejo constancia de la vez que un hombre fue barco, y de un sueño así, de cuyo despertar conservo el ruido de los párpados.


82

Tierra en las uñas. Sagrada labor de enterrar el poema muerto al nacer. Pobrecito, pobrecito, dicen las hormigas. Restos de palabras inhumados dentro de una hojita de alcaucil.


83

Bolero a las tres de la mañana: en los labios/ de la copa/ el vino inventa/ la fruta de tu boca.


84

Mientras náusea, espumas llegan a la orilla, crece lo incierto desde su brote. Cualquier germen lo socava, cualquier germen lo estimula.


85

Lloré mi propia ausencia crudo en el pavor. Se me avergonzó una sombra también.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

tu espacio es tan rico que hay que comerselo de a poquito!

josé dijo...

Amigo, desde ya que lo eres, es un gusto andar por tus letras, la poesía es algo que no me nace, aunque busque su camino. Y a tí te fluye con tanta naturalidad, que un poco de sana envidia tengo por verte brotado en ella. Un abrazo y nos seguimos viendo.